La Musa Mistonga

de Julián Centeya

Yo canto en lunfa mi tristeza de hombre
y ando en la vida con mi musa rante.
Ella es así, maleva, yo atorrante,
camina a mi costao y tiene nombre.


Nació conmigo allá, en Boedo y Chiclana,
y se hizo mansa en juego de palmera.
Nunca una bronca, siempre cadenera
vivo con ella muy de la banana.


Me fue como me fue y a ella lo mismo,
una vez el altiyo, otra el abismo,
conforme con lo que es, nunca rezonga.
Fratela con mi suerte la cinchamos.
¡Pasaos de media raya la llevamos!
Sos mi nami mejor, Musa Mistonga.

 

PROMESAS
Del Libro Lunfa Neto
De Martina Iñiguez

Me batió, vas a ser siempre la llama
del primus que calcina mi croqueta,
mi papusa, mi nena, mi pebeta,
aunque estés mas corrida que Madama.

Yo batí, voy a ser sólo tu dama,
no perderé por otros la chaveta,
zurciré con amor tu camiseta
y aprenderé a guisar como tu mama.

¡ Cuantas cosas juramos jeta a jeta...!
El, ponerme un buen bulo con mucama
y hacerme una señora con libreta.

Yo le juré bancar piola, sin drama
mishiadura, ragú, mufa, miqueta...
¡ Qué cosas se prometen en la cama !


PEDIGUEÑO
Del Libro Lunfa Neto
De Martina Iñiguez

El choma siempre es caro a las mujeres,
mamón de nuestra leche y nuestras huchas.
De gavión, milongueras le urgen muchas,
ávido de camelos y placeres.

Si el casorio a sobarle el seso empieza,
a fín de asegurarse la progenie,
demanda una papusa que congenie
con el morfi, la tina y la limpieza.

Fidelidad exige – inexorable –
mas sólo por su mina practicable,
- se juzga con derecho a un pasatiempo -.

Y cuando ya le queda poco aire
pide que con paciencia y con donaire
a su fláccido ardor le demos tiempo.


TERAPIA
Del Libro Lunfa Neto
De Martina Iñiguez

Menefute si el tiempo me flagela
con canas, reuma, kilos, tos, juanete,
o dándole un biandún de la gran siete
a la tersura de mi caripela.

Menefute la guita que se vuela
dejándome vacío el cabalete
mientras un funcionario gasta al cuete
lo ajeno y con chamuyo me camela.

Menefute vivir siempre en el brete,
sin beguén, vulevú ni francachela,
que me metan en líos sin gollete

o me encajen un clavo en la chinela,
si es que llega prendida del chupete
esa petiza que me llama abuela...!

 

Buscando el secreto del baile del tango
por Marcelo Héctor Solís

"...toda aventura física a la que se ha ido deliberadamente, implica una aventura de pensamiento."

Rodolfo Dinzel

(1)

Viva el tango

Se trata de una cultura. La cultura es lo que hace el hombre. Lo que se hace a sí mismo. La cultura es ese cuerpo, ESTE. ¿Qué hace con su cuerpo la cultura, el hombre? La cultura es más cuerpo que espíritu. El espíritu es apenas un fragmento de la cultura, un apéndice del cuerpo, que lo ejerce. Pero en la danza hay una especie de unión, de cordón umbilical mutuo entre el espíritu y el cuerpo. La cultura se comunica con su espíritu en la danza. En el baile la cultura y su espíritu se colman del cuerpo. Pero no se entiende bien esto si no se ha bailado. No describo al tango porque ya el tango es una escritura intraducible, irreducible. Escribir tango es ser tango, bailarlo, cantarlo en secreto. Toda nuestra cultura argentina lo es, lo dice sin conciencia. No hace falta más que descubrirlo para reconocerse en él. Quizá el tango deba ser así, como el silencio entre quienes lo bailan. Mutuo mudo desafío en su nudo. La vida y la muerte se abrazan en el tango. El desafío se enlaza al amor. Marte y Venus lo bailarían. Eros y Thanatos. La conciencia y la intuición se unen en algo más amplio. Es la unión de los contrarios, del macho y la hembra, del movimiento y la quietud, del bien y del mal, de lo relativo y lo absoluto.

Se ha buscado en la cultura oriental un saber que nos ayude a reunimos, a hallar el sitio donde el espíritu y el cuerpo se funden, se unifican; se ha pedido a esa cultura que nos recuerde el saber que nos hacía una totalidad: hemos hecho yoga, Taí-Chí-Chuan, artes marciales. Hemos oído el relato de la antigua cultura grecolatina, con sus "gímnastés", sus juegos olímpicos, su admiración por la belleza del cuerpo, su idea de que la enfermedad proviene del descuido del cuerpo. Hemos despreciado al cuerpo, "ergástulum", prisión para esclavos, prisión del alma. Hemos dado crédito a una ciencia del cuerpo", a técnicas, a máquinas destinadas a hacemos un cuerpo, para seducir, para gustamos, porque hemos considerado eso la condición de nuestra felicidad.

Y no hemos consultado aún la danza del tango.

Recordemos el mito antiguo, el del andrógino primordial, ese ser doble, dos cabezas, cuatro brazos, cuatro piernas, a quién el dios castigó seccionándolo en dos mitades que apenas separadas corrieron a abrazarse. El abrazo del tango como un intento de reunimos en esa primitiva unidad EN LA QUE NO ESTÁBAMOS SOLOS. Ese entendimiento callado de ser uno solo, esa introspección en lo mutuo, ese ensimismamiento solidario. Vivimos en la era en que todos los códigos son integrados en un gran discurso tan violentamente heterogéneo que en ocasiones se aproxima al ruido. Paulatinamente se han diluido los limites entre los géneros, entre las artes, entre las ciencias, entre la ciencia y el arte, entre el arte y la vida. Esta dilución de marcos de referencias nos ha escamoteado seguridades, nos ha obligado a revisar convencimientos. No es entonces raro encontrar tendencias opuestas, las que pretenden "rescatar" una supuesta puridad sin mezcla en el tango, sin darse cuenta que obrar así es separarlo de lo que el tango es, que eso es dañarlo, debilitarlo. La esencia del tango ha sido siempre la mezcla, la fusión, la absorción de todo lo que se le aproxima.

El tango real frente al tango imaginario.

El tango como una imagen, un estereotipo, un espectro pueril, desactivado, un resto, un residuo, un doble falso, una imitación, un MODELO.

No. El tango real. Un signo donde podemos leemos a nosotros mismos.No seamos demasiado orgullosos ni totalizadores. El tango es un discurso, un código integrado en la maraña de otros códigos. No exageremos ni ignoremos su presencia. Sí pretendemos evidenciarlo, trabajemos con él. ¿Qué sería trabajar con el tango? En primer lugar: destinarle un deseo. Amarlo.

No podrías bailarlo sin eso. No podrías cantarlo. Nunca vas a poder ser tango sin esas sensaciones. Viene a decirte que no hay RAZÓN en todo, que la sinrazón te merodea e inutiliza algo preciado por tu joven yo, el que aún necesita morir decepcionado para madurar en un yo nuevo, cínico.

No deberíamos arrastrar la culpa, ni la moraleja, ni una arqueología de imágenes, de fotos trucadas, intencionales. Insistir en la culpa es retroceder a un estadio más primitivo que el del "orden bueno" de la razón. La razón como autoridad. No hay que descartarla. Pero tampoco darle tanto CRÉDITO. Es ahí donde la decepción viene a proporcionar un límite a la razón fresca que se marchitaba. Esto lo ha expresado el tango. Lo expresa. No busquemos al tango donde más se lo anuncia. No está en sus imágenes, que a veces pueden alcanzar a ser lo que está en la superficie de los espejos mediante cuales lo vemos, pero no más que eso y sólo a veces. No está bajo su nombre. La palabra tango en general no lo nombra. El tango se escurre porque su esencia es hostil, es enemiga. Es más que un amigo: es uno de esos amigos hostiles. Está hasta en sus opuestos. Puede estar en el rock. Puede estar vivo, coleando, y nosotros llorando sobre un falso cadáver, sobre su piel abandonada, sobre su capullo vacío.

Hay que distinguir lo que el tango FUE de lo que el tango ES. Todo lo que EXISTE cambia; si no lo aceptamos no vemos más que la fotografía, nos comprometemos más con la foto del tango que con el tango mismo.

¿De qué manera un hecho como el tango, definible solamente de un modo complejo como hecho complejo que es, es accesible a una mirada que lo englobe y lo admita esa especie de tenaza múltiple que un método de observación debe construirle? El tango no puede observarse si no se compromete con él nuestro deseo. Así se parece a una religión, a una escuela filosófica, a una teoría económico-serial, a un texto que puede explicamos el mundo y el hombre de un modo total. Así el tango es explicado por la religión, por la metafísica, por el marxismo, por el psicoanálisis, por el estructuralismo, pero a su vez el tango habla de todos ellos, sobrándolos. Lo más coherente es que el método de observación de un hecho complejo como es el tango provenga, se produzca en su misma observación, entendiendo que el tango no puede ser comprendido sin introducirse en él, sin producirlo, sin participar de él. Por lo tanto todo texto que experimenta expresar lo que el tango es, es en sí mismo tango, lo produce siéndolo, reproduce el tango y lo actualiza.

Los textos de historia del tango, si bien conducen a una comprensión de sus orígenes, a una aitiología y una genealogía necesaria para percibir en él toda su autenticidad, nos han conducido también a una idea del tango como hecho ya producido, pasado, sólo vivible como recuerdo, mito, leyenda. Tienden a producir la opinión y la imagen de que el tango es un hecho terminado, perfecto, muerto. Como si el discurso que historiza el tango lo produjese a condición de tenerlo inmóvil, de mitificarlo, legendizarlo, amplificando su imagen al costo de anular su cuerpo. No hay que concluir que los textos de historia del tango lo perjudiquen. Son esenciales al tango. Lo preocupante es la casi exclusividad de éstos. Hablar del tango tomando en consideración sólo lo hecho, su pasado, quizá conduzca a ignorar lo presente en él, a negar su presente, a prohibir la actualidad de su nombre, a enmudecer su cuerpo. Ó quizá también esto mismo haya sido conducido por tradicionalismos, por ciertos "proteccionismos" absurdos, tan obsoletos como perjudiciales.

II

"El tango es como espuela con que el hombre se hiere a sí mismo, es un baile de paso cauto y retorcido, gestero con los gestos de la alimaña de la seducción que se desenvuelve con pasos de ladrón de amor, en zigzagueos de capcioso, en prieta enredadera que maniata a la mujer que quiere escapar a su influjo dentro del mismo baile. El verdadero tango bailado es un tango de garabato, zancudo y jorobeta, empujador y humildoso, en que los pantalones son como acordeones que se arrugan y desarrugan y a lo más se engarabitan con la coquetería del bien andar. Un inglés dijo que era una declaración de amor hecha con los pies y alguien más lenguaraz que 'era hacer bailando lo que los demás hacían acostados'. Una señora inglesa, en cambio, al ver bailar un tango preguntó si se trataba de una secta religiosa."(2)

Buscando el secreto del baile del tango

Que el baile del tango tiene secretos, es una idea generalizada. Se afirma, por ejemplo, que tal maestro no enseña sus secretos o que otro vale porque te explica sus secretos. Quizá en un principio busqué un secreto único, como por ejemplo "caminar con elegancia", frase que encontré en un reportaje hechoal "Negro" Portalea(3) y en esa frase orienté mi búsqueda de bailarín. Hoy sigo confirmando lo esencial de ésta afirmación, pero en mi camino encontré otros posibles secretos que se me revelaron a partir de la observación y la experiencia.

Hay tres puntos importantes a tener en cuenta en la búsqueda del secreto del tango-danza:
1- Es comunicación.
2- Intervienen un hombre y una mujer.
3- Ellos no están solos en la pista de baile; es decir: es un hecho social.

Esta comunicación que es el baile del tango es un diálogo. Y éste diálogo ha de ser inevitablemente sincero, no puede menos que comunicar nuestras emociones más íntimas ya que la proximidad que nos impone el abrazo no nos deja alternativa. A raíz de esto puede ocurrir tal vez que un gran miedo a volvemos vulnerables nos tome bruscos, torpemente orgullosos o groseros. El tango sin embargo nos educa en esto, nos enseña una manera sutil de la sinceridad.

Es importante tener en cuenta que este diálogo se lleva a cabo entre un hombre y una mujer, la pareja de baile, los emisores-receptores de esta conversación.

Mucho se afirma que este baile es machista basándose en la evidencia de una acentuada división de roles entre el hombre y la mujer. No creo que eso sea machismo. No por evitar ser machista debería caer en la indefinición. La belleza del tango es imposible sin el dramatismo del encuentro de estos opuestos: el hombre y la mujer. Por lo tanto no puedo (yo hombre) tratar a la mujer como a una cosa durante la danza. El hombre debe llevar a la mujer con la delicadeza que el caso requiere. No la debe obligar a los movimientos de la danza; debe, en cambio, invitarla a realizarlos.

Se afirma por ahí que el hombre debe llevar a la mujer como hembra. No concuerdo completamente con esta afirmación y sin embargo no puedo negar que hay hombres que realizan el baile de esta manera, como hay hombres que llevan a la mujer como si ésta fuera un objeto. Es de todos modos preferible llevar a la mujer como hembra y no cosificándola, pero no la enaltecemos demasiado con esta elección.

"Cuanto el hombre es más salvaje/ trata pior a la mujer/ yo no se que pueda haber! sin ella dicha ni goce/ ¡Feliz el que la conoce/ y logra hacerse querer!(4)
Martín Fierro afirma que cuanto más primitivo es el hombre peor trata a la mujer. A este respecto, el tango debe ser la danza más civilizada, debe tratar a la mujer con la mayor delicadeza, delicadeza proporcional a la cercanía de los cuerpos.

Don Juan descubre el secreto de la seducción observando la sutileza con que la ropa interior femenina toca el cuerpo que viste(5). No en vano para la jerga tanguera porteña "bailar» a una mujer es sinónimo de enamorarla.

El lucimiento del hombre en el baile no debemos buscarlo en la destreza física en sí, porque toda nuestra destreza no nos sirve de nada si no está orientada hacia la comunicación.

Comunicación... no me refiero a una comunicación tosca y superficial, como a veces se supone, de órdenes y señales fijas e inequívocas. La comunicación en el baile del tango debe tender a la poesía. No debemos "hablar el baile del tango como técnicos, como acróbatas, como capataces, como directores, no: debemos hablarlo como poetas.

¿Pero es que un hombre parado tan cerca de una mujer como lo pone el tango, puede hablarle a esa mujer de otra manera? Hablarle de una manera que logre conmovería, al menos para no desaprovechar la oportunidad que me da el tango poniendo a esa mujer tan cerca mío. Juan Bruno siempre hace ésta observación.

Hay que entender que las danzas populares no son ejercicios de destreza física sino formas de seducción. Quiero aclarar aquí el sentido que doy a la palabra seducción para que no se la confunda con su sentido vulgar de trampa o sebo sexual. La seducción es juego, desafío, relación dual y estrategia de las apariencias; donde lo femenino no es lo que se opone a lomasculino, sino lo que lo seduce. La seducción es siempre más sublime y más singular que el sexo. Este es sólo una función biológica, mientras que aquella es un juego ritual. Lo sexual tiene un fin próximo y banal: la satisfacción inmediata de un deseo; la seducción es un intercambio ritual ininterrumpido, es un envite. El sexo puede ser un resultado por añadidura, pero no necesariamente. La seducción es un desafío a la existencia misma del orden sexual. La seducción es más poderosa que lasexualidad, con la cuál no hay que confundirla nunca. No es un proceso interno de la sexualidad, a lo que se la rebaja generalmente(6). No se trata de una especie de "trampa", de "tela de araña" "que maniata a la mujer que quiere escapar a su influjo dentro del mismo baile" (aunque de hecho muchas veces para el "milonguero" el baile se trata de esto) sino de un desafió mutuo entre los sexos de desarrollo estético. Está muy lejos del tango, o por lo menos de su secreto, quien no piensa por sobre todas las cosas en el otro de la pareja.

Un hombre que está parado tan cerca de una mujer debe estar bien parado. No debe molestar a la mujer con su postura, debe agradarle. Es verdad que yo puedo agradar a la mujer por medio de mi destreza física, pero ésta se oscurecerá de un modo penoso si intentando exponer mi destreza la molesto o la pongo incómoda.

Estar bien parado es un gesto, una actitud tanto corporal como espiritual. Me gusta para hablar del cuerpo la palabra "gesto" porque ella me indica que el cuerpo está vivo, que "dice" algo. El gesto es entonces una palabra dicha con todo el cuerpo'. Cuerpo es palabra. Toda actitud, todo movimiento, toda posición del cuerpo es un gesto, por lo tanto tiene significado, es una palabra. El cuerpo es un significante diciendo, proyectando continuamente un discurso, significados. Por eso prefiero no hablar exclusivamente en términos mecánicos (diciendo por ejemplo eje o equilibrio) ni utilizar sólo palabras provenientes de la anatomía (hablando de tensión y relajación de los músculos). Prefiero la síntesis que se expresa con la palabra "gesto". Este gesto debe decir: estoy bien parado tanto física como espiritualmente. Es lo que el otro debe percibir de mí.

Que el otro confíe en mí es el requisito para que se me acerque. Nadie se acercará a quien genera desconfianza, y menos aún a la íntima proximidad del abrazo de tango. Pero el requisito previo para generar confianza por parte del otro es la propia auto-confianza. No puedo despertar confianza en mí si no estoy seguro de mí mismo. Ahora bien, esta seguridad de sí mismo no debe provenir ni de un auto-convencimiento de superioridad ni de una simulación de invulnerabilidad. Todos somos vulnerables, todos tenemos carencias y necesitamos algo, necesitamos al otro. Esta íntima debilidad puede ser eludida u ocultada por las palabras, pero el cuerpo no nos permitirá negar nuestras carencias. A Marcel Marceau, el gran mimo, le preguntaron una vez si existía algo que él no pudiese representar y el maestro respondió: "Si, la mentira". Y es que el cuerpo no puede mentir, no puede negarse a sí mismo y esta situación se radicaliza en el abrazo. Hay que ser consientes de que en el abrazo se expresa toda nuestra carencia. Lo único que nos puede dar la seguridad propia y la confianza del otro es nuestra humilde sinceridad, esa que dice: "soy vulnerable y te necesito". Apuntar hacia el reconocimiento y la aceptación de los propios límites y los del otro. Auto-confianza y confianza en el otro se engendran simultáneamente en el instante de la aceptación de nuestras carencias. Sin embargo el abrazo no implica una entrega absoluta e incondicional, es una actitud equilibrada la que me lleva al encuentro con el otro. Por eso digo al otro con mi cuerpo: "No te tengo miedo". Entrega, pero también desafío, tenue rivalidad. Se trata de un exponerse con una honestidad culminante, a la manera en que Nietzsche la reciama(8), máximo desafío. Los que provienen de las danzas escolásticas no deberían, como ocurre muy a menudo, creer que tal conocimiento les confiere alguna autoridad en materia de danzas populares. Pueden conocer mil aspectos científicos del cuerpo, del equilibrio y del movimiento, pero no conocen el rito. Para conocer el ritual de una danza popular hay que iniciarse a través de sus gestos, de sus lugares reales de existencia, de sus vestimentas y sus usos. Lo que ni el teléfono celular ni la red global de Internet nos puede proporcionar: la presencia física y real del otro aquí, conmigo, en la no-distancia del abrazo. Por eso el baile del tango es lo más parecido al amor.

El baile del tango es como el amor. Hay que vivirlo intensamente y para eso no se puede hacer ningún curso acelerado. Sólo la fuerza del tiempo y la pasión, el interés y la práctica, pueden conducimos al tango, a llegar a ese disfrute que nos proporciona el conocer sus secretos.

Pero el secreto esencial del baile del tango no puede escribirse aquí ni en ninguna parte. No puede escribirse. No puede decirse con palabras. El baile del tango es un diálogo íntimo entre el hombre y la mujer cuyo medio no es el habitual del lenguaje sino el cuerpo y el cuerpo puede transmitir sutilezas de una índole y una instantaneidad que difícilmente podrán ser explicadas con palabras. Es decir, es intraducible. Por eso el secreto en sí no puede ser comunicado con palabras. Lo único que podemos hacer, mejor dicho, lo que debemos hacer quienes enseñamos esta danza es proporcionar métodos que sirvan a la búsqueda del secreto, alentar ese proceso y alentar a los alumnos a que continúen su propia búsqueda. Muchas veces veo en las milongas a hombres preocupados por hacer figuras difíciles, bailando con movimientos bruscos y más bien molestando, poniendo incómoda a su compañera que haciéndola bailar. Entonces pienso: "el baile es en primer término goce, si es pena no es baile”.

Esto que digo no contradice la afirmación de Discepolín: "El tango es un pensamiento triste que se puede bailar(9). La tristeza está en el pensamiento que genera el tango, en el sujeto, pero no en la cosa baile que es un bálsamo para el dolor.

No podemos bailar saboteando el placer que implica esta actividad. Sobre todo no tenemos derecho a bailar saboteando el goce del otro en el baile.

Yo creo que en el caso particular del baile del tango hay una actitud de guarda en el hombre ejerciendo el cuidado de la mujer. Hablo de la atención puesta hacia los fenómenos exteriores a la pareja como por ejemplo el sentido de recorrido de la pareja en el salón, los posibles obstáculos, los posibles choques con otras parejas, etc., en donde el hombre toma una actitud de protección de la mujer. Sólo desarrollando completamente esta actitud de protección se desarrolla lo esencial del baile del tango y sólo después puede el hombre pasar al dominio de la destreza de sus movimientos. Lo contrario puede resultar una prueba de destreza física, pero no bailar tango.

Una vez que yo, hombre, llevo protegida a la mujer que está entre mis brazos y ella descansa y disfruta de un baile sereno, comienzo la elaboración de los "dibujos" de mis pies. Bailo y cuido del otro. Al mismo tiempo dialogo y protejo.

El baile del tango es profundamente estético. Toda la elaboración posterior, el desarrollo de los "dibujos" o "figuras", debe corresponderse con una intención estética más o menos exigente. Concejo de oro: hay que bailar simple. Tengamos en cuenta que la simplicidad no está exenta de sutilezas. Mi preocupación no debe ser. ¿cuál es la próxima figura que voy a hacer? sino: ¿disfruta esta mujer que ahora baila conmigo de mi baile?

La simplicidad en el aspecto coreográfico puede ayudarnos a encontrar intensidades y sutilezas que son quizá mucho más valiosas que la complejidad coreográfica.

"El tango es una posibilidad infinita" se afirma que dijo Leopoldo Marechal. Conocer al tango, en todos sus aspectos, es una aventura sin horizontes. En el caso de la danza buscamos en el tango a través de los cuerpos que se abrazan. No hay emoción que no pueda ser expresada por medio del tango: la alegría, la tristeza, la bronca, el amor. En el baile del tango hay un acunar en el abrazo que remite inmediatamente a nuestra infancia más temprana. Cuántas resonancias pueden convocarse en esta idea, porque el tango puede ser también una canción de cuna. Así lo interpretó Discépolo en "Gira, gira"(10). Los compases de su estribillo nos dejan escuchar la dulce melodía de una canción de cuna, no exenta -por supuesto- de ironía discepoleana.

Ahora escucho "La abandoné y no sabía" de José Canet, grabado por la orquesta de Osvaldo Pugliese en 1943, canta Roberto Chanel, salgo a bailar y pienso: todo el baile del tango debe ser un acunar a la mujer, al otro. El abrazo se compone de eso, el abrazo es ternura. El hombre también se siente acunado en este abrazo que es el aspecto maternal siempre presente en el tango. Un abrazo que me tranquiliza. Es plenitud, caricia, amor. El tango me acuna susurrándome su melodía. Aunque su letra me hable de cosas tristes, su música y el abrazo de una mujer me consuelan.

Por instantes el otro y yo, el hombre y la mujer, forman un sólo ser indiferente a lo que ocurre fuera . Hipnosis mutua. La música hechiza, contagia una melancolía, un sentimiento tan profundo, una idea tan única y clara acerca de la soledad del individuo humano que el otro, contagiado de la misma exaltación de la carencia, se vuelve para mí una necesidad tan cierta como inevitable.

III

Entonces usted volverá a enseñarle a su cuerpo a bailar al revés
Como en el delirio de los bailes populares
Y ese revés será su verdadero derecho”
Antonín Artaud(11)

Una educación de la sensibilidad

Mostrar, exhibir el tango como danza o expresión de cualquier tipo, ya sea su música, su Poesía, filosofía, historia, su iconografía, etc., es siempre llevar a cabo una tarea pedagógica.

El tango es un campo de búsqueda de sutileza de la comunicación entre el hombre y la mujer.Hay que tener en cuenta para asignar a esto el justo valor que le corresponde-la vital Importancia de nuestro vínculo con el otro sexo, problema definitivo de nuestra vida de seres Sexuados.

Al aproximarnos a la íntima cercanía que nos impone el abrazo, las fuentes de excitación sobre nuestro cuerpo aumentan más y más en la medida en que esta proximidad crece, invitándonos progresivamente a cerrar nuestro abrazo, a separarnos un poco sólo por momentos con el objeto de buscar otros contactos, otras zonas de excitación, para volver luego a las anteriores, ausentando aquí la fuente de mi placer y aumentando con esa ausencia mi deseo, que no gime, que no llora ni ansía pues el ritmo cadencioso del tango asegura el retorno inminente del objeto de mi satisfacción en un intervalo temporal que ya conozco.

No temo el advenimiento del final del tango pues los últimos compases serán los de más violenta excitación y último golpe de la música, el segundo “chan”, nos encontrará abrazadosmuy fuertemente prolongando más allá de un tiempo real, en el cual no tienen lugar nuestras pasiones, esta unión.

Pero legar a vivenciar de este modo la experiencia del baile del tango nos impone el desarrollo progresivo de nuestra sensibilidad y el control de nuestras reacciones ante los estímulos altamente excitantes y perturbadores de la proximidad del otro sexuado nos provoca.

Ahora bien, estoy utilizando un lenguaje un poco ambiguo, digo”otro sexuado” tratando de generalizar mi discurso, pero ahora voy a sincerarme y a admitir que sólo puedo hablar acerca de la mitad del total de esta cosa que es el abrazo del baile del tango ya que yo no escapo a la condición de ser sexuado y por lo mismo debo aclarar que esta perspectivadesde la cual describo la experiencia de este baile está determinada por mi sexo, por mi masculinidad, y que a pesar de que he hablado estas cuestiones con mujeres y las he consultado dejando que mi curiosidad las interrogue, yo mismo entiendo que esta anera de sentir el baile del tango es una manera propia del sentir masculino y que esta perspectiva masculina inunda el baile del tango porque es el hombre el que debe guiar a la mujer. Entonces siendo el hombre el depositario de la facultad de guiar, guiará a la mujer desde su posición sexual masculina y determinará de este modo en todo el baile del tango una esencialidad masculina.

Esto no puede ser de otra manera y no cambiará mientras sea el hombre el que posa su mano derecha sobre la espalda del otro. Cuando esto cambie, quizá hablaremos de esto de otra manera y quizá entonces ya no hablemos del baile del tango. La sociedad entera habrá cambiado, habrá cambiado lo humano que seguramente ya no será humano y quizá los sexos tampoco existan.Dejando a un lado la ciencia ficción, hablo ahora al orgullo femenino que tal vez he herido al declarar mi opinión (que no soy el único en sostener(12)) de la masculinidad esencial del baile del tango. No resto importancia con esto a la mujer. No la anulo. No digo que la mujer no haga nada en este baile. No digo que todo sea hecho únicamente por el hombre. No. Sólo hablo de la mitad, de lo que conozco y tal vez de lo único que pueda ser expresado con palabras.

Ustedes, mujeres, guardan el secreto de todo aquello que nadie dice pero que sólo ustedes pueden sentir y vivir, y ese secreto, esa gran duda, ese vacío, es quizá la causa primera donde todo se origina, inclusive esta danza.

Aquí podemos decir que si lo masculino presta su estructura a la danza del tango, lo femenino le da lo más esencial del baile, le da el baile mismo que es femenino por esencia(13). entonces laesencialidad masculina del baile del tango es una esencialidad de estructura, sin cual no es tango; pero esta estructura,estructura una esencia femenina que es la danza, sin la cual esta danza no es danza.

Ese “indecible”, es la danza, que no se puede decir ni describir ni se deja analizar con palabras.

Quizá exista una relación entre este “indecible” de la danza y la ausencia de documentos que nos ayuden a reconstruir su evolución. Sólo tenemos una conciencia visual de su evolución a partir de la aparición del cine en este último siglo.

Algunas mujeres podrán decirme que ellas están capacitadas para llevar. También podremos anteponer la afirmación de que es muy importante saber seguir para saber marcar bien. Mi afirmación no es que la mujer deba abstenerse de levar y que el hombre no puede o deba seguir. Ambas cosas son importantísimas en la existencia de esta danza, sin embargo en estas “variaciones”, perderemos la tensión que el encuentro de lo masculino y lo femenino generan. Es posible que aliviar esas tensiones en los principiantes, haciendo que ellos bailen con sus pares sexuales, sea un método eficaz en esta etapa del aprendizaje, y que éste sea el germen de una posibilidad de desarrollar luego un conocimiento más preciso acerca del todo de esta danza. Pero cuando veo a una mujer llevando la veo investida del rol masculino en esta empresa, no la veo llevando como mujer, sino como varón(14). en este caso lo esencial del tango no ha cambiado y sigue siendo una “danza de roles” (idea que aparece sugerida en Dinzel)(15) y puede a veces la mujer ocupar el rol masculino y no por ello hacer ningún cambio esencial en el baile del tango.

No veo que ocurra lo mismo en el caso del varón. Sería grotesco ver a un varón tomar actitudes femeninas ocupando el rol de ser llevado. En esto se revela claramente mi afirmación de la masculinidad esencial en este baile(16). El hecho mismo de la importancia que cobran los roles en el baile del tango evidencia su dominante masculina. Si la dominante del tango sería lo femenino, los roles no revestirían entonces la importancia que tienen allí. Pero inclusive podríamos considerarlo desde otro punto de vista y afirmar que el goce femenino en este baile no proviene de una pasividad de la mujer. Podemos entrever que la mujer es por el contrario dominante y disfruta del hecho de que el hombre concentre toda su energía en ella. También el bailarín descubre en sí a la mujer, su ambivalencia dionisiaca. No es extraño que pretenda ocultar algo de ello en la total oposición entre el vestuario del hombre y la mujer.

Pero el baile es esencialmente un terreno de conciliación entre los sexos. Por ello no es casual que sea ajeno a la palabra.

“el tango no es una danza “literal”, por eso no puedo explicar con palabras por qué me gusta...”(17).

Cuando decimos “literal” estamos dando a entender que las palabras dichas dicen exactamente y no más que lo que dicen, excluyendo toda metáfora o metonimia, toda posibilidad retórica de esas palabras, toda connotación generada por ellas.

Entonces lo literal es aquello que dice únicamente lo que el primer significado de sus palabras nombra y nada más. Entonces si algo es no-literal es porque dice más de lo que simplemente nombra.

Eso nos dice muy acertadamente Robert Duval. El baile del tango es una íntima y profunda comunicación entre dos personas (en su aspecto más reducido, sin tener en cuenta por ahora la música, las otras parejas en la pista, los que miran) que están continua y rítmicamente diciéndose cosas, "palabras-cosas”(18), hechos objetos que son señales a veces y en parte, signos ambiguos, contradictorios e intraducibles que nos dicen mil cosas a un mismo tiempo y con mil voces distintas; nos dicen a veces cosas contradictorias en un sólo gesto, nos dicen "te amo y te odio y te necesito y estoy harto de vos y no sos nada para mí y lo sos todo", con un grito suave, con una violencia susurrada.

Estos gestos, estas "palabras-cosas" vibran en nosotros, no son signos que "entendemos", son como la música, nos emocionan sin mediar nuestra comprensión, sin intervención del lenguaje y los pensamientos, más acá de lo humano porque lo inhumano en nosotros es capaz de apreciar la música y la cadencia hipnotizante de la danza, capacidad que está en una zona de nuestro espíritu previa a la aparición de las palabras(19), pero también decididamente dentro del campo de lo propiamente humano ya que nuestra posición bípeda y erecta y el uso especializado de nuestros miembros superiores es determinante de lo que la danza es. La capacidad humana para la comunicación es previa a la aparición del lenguaje. El lenguaje es una invención humana que potencia y lleva más allá esa aptitud para la comunicación(20).En el baile hay una comunicación que no es de las características del lenguaje. No cumple las mismas funciones que éste. No es significante. Sin embargo, no creamos que del hecho de que la danza se halle en un campo diferente y en parte anterior al dominio de las palabras deba desprenderse de ello que rechace la posibilidad de elaborar a través de ella una forma de conocimiento. En el tango, todos esos movimientos envolventes, esa dinámica de mutuos anudamientos, ese recorrido como obsesionado por los contornos del cuerpo, esa intromisión curiosa e inteligente en los espacios cerrados y protegidos por el pudor, son quizá la actividad de una búsqueda que obtiene en su realización la descripción del cuerpo del otro con tos movimientos del cuerpo propio. Descripción que se hace mutua, ya que el otro cuerpo describe el mío con sus movimientos y yo descubro cada vez más mi cuerpo en la medida que comprendo el cuerpo del otro y todas las iluminaciones de aquel dan a luz en mí un conocimiento par. Mutuidad del tango. Sabré que ya las palabras y ellenguaje no significan algo tan preciado para mí. Me daré cuenta que estar fuera del lenguaje no me dejará incomunicado y eso aplacará mi ansiedad frente a la desconfianza generalizada hacia la palabra. La finalidad del lenguaje será entonces colaborar con la armonía de los cuerpos. La danza es la forma de conocimiento propia del cuerpo y es el instrumento de conocimiento apropiado para conocer el cuerpo, que es aquello que es motivo de burla intentar conocer con una instrucción absolutamente teórica.

Nuestro cuerpo es el material de conocimiento que tenemos más próximo, es el primer objeto de nuestra curiosidad simultáneamente con el cuerpo del otro cuya aparición, la aparición del otro como aquello distinto de nosotros, despierta un interés que nunca se aplacará ya que esa diferencia nunca obtendrá una total y definitiva aceptación.

De ahí en más toda pregunta sobre nuestro cuerpo no podrá evitar ser también una pregunta sobre el cuerpo del otro, específica y claramente sobre el otro sexual.

En el baile de pareja y en el tango con más intensidad, con nuestro cuerpo conocemos el cuerpo del otro, conocemos al otro, y mediante la percepción de las diferencias y similitudes nos conocemos a nosotros mismos.

La anatomía queda así reducida al lugar de una descripción del cuerpo muerto, quieto, fragmentado, desarticulado y roto.

La danza es la posibilidad abierta al conocimiento del cuerpo vivo y en su gloriosa plenitud.

1 Nota publicada en la contratapa del diario Rosario 12, abril 1994.

2 Ramón Gómes de la Serna, “Interpretación del tango”. Ed. Ultreya Santa Fe, Argentina 1949 Capítulo 2, páginas 33 y 34

3 Revista “La Maga”. BuenosAires, Argentina. Año 2, n38. Miércoles 30 de setiembre 1992. Noticias e cultura. Pág. 30.

4 José Hernández: “Martín Fierro”. Centro Editor de América Latina. Buenos Aires.

5 Francis Ford Coppola: “Don Juan Marco”. Con Marlon Brando, Johny Deep y Faye Dunaway

6 Jean Braudillard "De la seducción". Ediciones Cátedra S.A 1987. Trad. esp. Elena Benarroch.

7 Olga Bessio expresa esta idea en su enseñanza

8 Friedrich Nietzsche "Más allá del bien y del mal" trad. esp. Andrés Sánchez Pascual. Alianza Editorial S.A., Madrid 1983. Aforismo 227

9 Horacio Ferrer y Luis Adolfo Sierra: “Discepolín. El poeta del hombre de corrientes y Esmeralda.” Ediciones tiempo.Bs. As. Pág 67.

10 Ídem Pág. 94.

11 Anatonin Artaud, “Se plantea la cuestión de...”. en Van Gogh, el suicidado por la sociedad”. Ed. Fundamentos 1977. Trad. Esp. Ramón Font. Allimard 1974.

12 Daniel Vidart: “el tango y su mundo”. Ed. Tauro S.R.L. Montevideo 1967. Cap. “Realidad e imaginación en el tango danza”, pgs. 21/23.

13 Alain Didier-Weill: “Les trois temps de la loi” Editions du Seuil. Paris 1995. Trad. Española Pura H. Cancina, Homo Sapiens Ediciones. Rosario 1997. Pág. 316.

14 Mujeres llevando: ¿intentar crear el líder en sí y de ese modo otorgarse una completud que han desesperado de esperar?

15 Rodolfo dinzel “El tango una danza”. Ed. Corregidor, Buenos aires 1994. Pág. 48.

16 J. Braudillard “De la seducción”, obra citada pgs. 16/18, donde podemos encontrar una interesante visión de la cuestión de los roles y su vinculación con la sexualidad en nuestra época.

17 Robert Duval: palabras expresadas en “Tango baile nuestro”, film documental Jorge Zanada.

18 Ame Juranville: "La femme et la mélancolie". Presses Uníversitaires de France, 1993. Traducción española Horacio Pons. Ed. Nueva Visión SAIC. Buenos Aires, 1994. Primera parte: Melancolía y creación',Pág. 38

19 Alain Didier-Weill, obra citada

20 Danilo Mainardi "El animal cultural". Ed. Sudamericana, Buenos Aires 1976. Título original en italiano: "L'animale culturale" C© 1974, Rizzoli Editore, Milano. Trad. esp. Ada Korn_