Una breve HISTORIA DEL TANGO
para que la disfrutes poco a poco mientras escuchas buena música...
ORIGENES
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Buscar los orígenes del tango es una apasionante aventura que nos lleva a internarnos en el pasado de Buenos Aires, accediendo a un mundo lejano y lleno de misterio. Si bien allá por el '80 comienzan a aparecer definidos ya los elementos estructurales del tango, este género musical tenía su prehistoria.
Hacía muchos años que la palabra se utilizaba como sinónimo de baile de negros o reunión festiva de la gente de color. Buscando una individualidad, el tango- que pronto se llamaría "tango criollo” en el Río de La Plata, para diferenciarse del andaluz- reúne en su cocina, distintos elementos que sabiamente combinados por sus anónimos creadores gestará el más exquisito plato musical de la región.
Presente estuvo en su alumbramiento el ritmo de la habanera, que se iba expandiendo por todo el continente dejando su marca en diversas culturas musicales. No olvidemos el paso obligados de los navíos que venían de Europa haciendo escala en La Habana. Igual o mayor influencia ejercieron los aportes llegados del viejo continente (nostalgia incluida).
Ritmo de habanera tuvo, sin lugar a dudas, el naciente tango. Pero por ahí andaba la milonga, que con su languidez le dio una incipiente melancolía que años después despertaría como elemento indisoluble del tango.
La milonga se sumó al nuevo ritmo y con figuras del candombe se iría gestando la manifestación coreográfica del tango, que a poco se transformaría en una danza de pareja abrazada, muy sensual y muy vistosa, pero que traía como origen generador, la actitud del negro ante la música.
Hubo entonces quien tocó esta nueva música y quien la bailó. Y quienes lo hicieron, sin advertir seguramente el acto trascendental que estaban realizando, fueron los hijos de aquellos emigrantes que llegaban al Río de la Plata.
El gran movimiento migratorio tenía que dejar su testimonio en la cultura del tiempo. Y fue el tango quien tomó el testigo de las manifestaciones estéticas de este rincón del mundo.
Era la afirmación de una nueva generación de argentinos que allá por 1880 salieron bailando el tango.
Un tango muy distinto al que hoy se conoce, pero tango al fin, (mejor dicho, al principio), avanzando velozmente en la búsqueda de sus elementos definitivos, el origen de uno de los movimientos artísticos más bellos que existan.
LA DANZA
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Una de las características que mejor definen el tango es su coreografía. El tango tuvo su origen en el movimiento del baile negro, en esas figuras tan peculiares que se definieron como el corte y la quebrada. Eran estas figuras creadas por los negros en su baile suelto. El bailarín detenía su avance bruscamente, y esto era el corte para realizar movimientos bruscos en los que quebraba su cuerpo.
De ahí la expresión “quebrada” para definir este movimiento. Estamos en el negro y sus bailes. El compadrito, nuevo habitante de los arrabales, producto de la inmigración, iba a adaptar estas figuras en una nueva danza de la pareja abrazada.
Aparecerían aquí esos movimientos, pero de a dos en un solo abrazo y con una música que en principio no debe haber sido el tango, sino cualquier otro baile de la época. Y esta danza habrá provocado, seguramente, la necesidad de una música hecha a medida. Y mazurcas, habaneras y milongas se habrían transformado aceleradamente en un nuevo género: el tango criollo.
Este baile fue adoptado en principio por gente de pocos recursos económicos, y seguramente no se bailaba sino en locales muy mal vistos por la sociedad de la época.
Ubiquémonos en 1880 aproximadamente. El tango se bailaba en las "Academias", que venían a ser locales en los que además se bebía y se escuchaba música. Estas casas eran atendidas por camareras y no distaban mucho de ser prostíbulos.
Iban a pasar más de 20 años hasta que el tango, ya definido como una danza original comenzara a introducirse en las casas del Buenos Aires de entonces. Claro que en aquellos años iniciales, el tango tenía una coreografía muy diferente a la actual. Sus movimientos eran más aparatosos y exagerados. Tenía mucho más cerca aquella influencia negra, casi circense. Con los años se iba a ir alisando, perdiendo esa acrobacia de los primitivos para ganar en elegancia al irse adueñando de los salones que años después mostrarían un espectáculo diferente, en el que multitudes iban a bailar con parejas sincronizadas en comunión con una música que iba a perder su forma inicial para ganar en sentimiento y emoción.
LA MÚSICA
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La música del tango nace como una suma de elementos cuya combinación permite, en muy poco tiempo, la gestación de una de las expresiones musicales más originales.
Así el ritmo de la milonga pampeana asociado con el de la habanera, la melodía del couplé madrileño, siguiendo la coreografía que el compadrito había tomado del candombe. iba a dar un resultado sorprendente: el tango criollo, del cual son claro ejemplos “El Choclo” o “El Entrerriano".
Este estilo de tango va a reinar hasta 1917 aproximadamente, época en que se produce un gran cambio. Y será rápido porqué ya en 1920 el ritmo será otro: más lento y con otra acentuación. El tango criollo - que se tocaba en 2x4 y era todavía muy cercano a la milonga - se transforma en el tango a secas, que se interpretará en cuatro tiempos y provocará otra forma de bailar más lisa. El clásico cuarteto de tango. bandoneón, violín, flauta y guitarra ñ- dará lugar a la orquesta típica con bandoneones, violines, piano y contrabajo.
Aquellos tangos primitivos, que a veces se cantaban con letras alegres, escritas en primera persona y contando las hazañas del protagonista:“Soy hijo de Buenos Aires/ me llaman el Porteñito/ el criollo más compadrito/ que en esta tierra nació”
dejarán el lugar al dramático lamento de aquel que sufre por la pérdida de los afectos más profundos:
"Percanta que me amuraste/ en lo mejor de mi vida/ dejándome el alma herida y espina en el corazón...”Y desde entonces, los tangos serán canciones o coloridas estampas instrumentales.
En este caso será habitual la división entre los tangos-milongas como se llamará a aquellas cuya estructura es especial para el baile, o los tangos-romanza, como "Aromas” o "Flores negras", con un desarrollo melódico de fuerte romanticismo. Y de ahí en más, se entrecruzará, estos estilos para provocar un desarrollo de sorprendentes variaciones de estilos que permitirá afirmar la enorme riqueza temática del tango argentino.
LOS PRIMEROS CONJUNTOS
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Al parecer, durante los primeros años, el tango se interpretaba con el aporte de diversos instrumentos; todos ellos portátiles, por lo que no faltarían el violín y la guitarra. También la flauta era habitual, combinándola, a veces, con el arpa, y otras con clarinete o armónica. No se usaba todavía el piano, que comenzó a aparecer como instrumento solista, en casas de baile y prostíbulos.
Con la llegada del siglo XX, comenzó a popularizarse el bandoneón, recibido con beneplácito en las formaciones tangueras, que se estabilizarían hacia 1910 con la integración de bandoneón, violín, flauta, y guitarra.
Vicente Greco, célebre músico de los comienzos del tango, es el primero en utilizar el nombre "Orquesta Típica Criolla” para definir al conjunto musical especializado en la ejecución de tangos. Poco después se llamarían "Orquestas típicas” o simplemente “Típicas". Perderían el agregado de "Criollas” cuando esas orquestas se conformaran con bandoneones, violines, piano y contrabajo.
Casi contemporáneamente, el "Tango Criollo” se transformaría en "Tango", a secas. En estos cuartetos primitivos -”las orquestas Típicas Criollas”- el bandoneón y el violín eran los instrumentos encargados del canto de la melodía, la guitarra era responsable del acompañamiento y la flauta, alternativamente, o se sumaba a la melodía o agregaba adornos musicales a la interpretación.
De las “Orquestas típicas criollas” las más importantes fueron las de Vicente Greco, Juan Maglio "Pacho", Genaro Espósito (El Tano Genaro) Eduardo Arolas y Augusto Berto.
También las Bandas y Rondallas, conjuntos conformados para la ejecución de un variado repertorio, interpretaron tangos, en un estilo diferente al de las orquestas, pero igualmente válido. Las orquestas de tango tenían ya un tono melancólico, las bandas, en cambio, tocaban sus tangos con más alegría. Nos han quedado innumerables testimonio grabados en discos, de este estilo de tango de principios de siglo.
LAS CASAS DE BAILE
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Una vez afianzado el tango, con su estructura musical bien definida, aparecerían las casas de baile en las que con la participación de un pianista, se organizarían fiestas privadas sobre la base de un repertorio tanguero.
La casa de Laura, en Paraguay y Pueyrredón, y la de María la Vasca, en Carlos Calvo y Jujuy fueron las principales.
Generalmente se realizaban bailes organizados para clientes adinerados. Se garantizaban tangos y mujeres.
En una de esas reuniones se estrenó en 1897 el tango “El Entrerriano” de Rosendo Mendizábal. Rosendo era un pianista muy celebrado en aquel tiempo. Solía intervenir con frecuencia en aquellas "tenidas” de tango. Y en unas de esas reuniones estrenó su tango que dedicó a un estanciero de Entre Ríos que había concurrido a la fiesta. Este hecho era habitual y siguió siendo así por muchos años. No era raro que el destinatario de la dedicatoria agradeciera al compositor con un reconocimiento económico.
Así como se bailaba el tango en casas coquetas y con gente de dinero, en los barrios humildes el escenario era el patio.
Generalmente los bailes eran “de formativo", es decir que los concurrentes aportaban una consumición que servía para contratar a los músicos y solventar los gastos a los que obligaba la reunión.
Paralelamente se instalarían “las Academias". Eran lugares de baile en los que se pagaban unos centavos por pieza bailada. Estaban ubicadas en barrios diferentes.
Pero el mayor esplendor llegaría a fines de la década del diez, con el apogeo del tango en las lujosas salas del cabaret El Abdullah Club, L'Abbaye Montmartre, Royal Pigalle, Tabarís y Chantecler, entre otros nombres que dan jerarquía a una época. Grandes orquestas se destacaron en esos salones donde se estrenaron, además, grandes tangos.
Tenemos que mencionar dos salones que tienen bien ganado su lugar en la historia del tango: Hansen y Armenonville. En este último comenzaría la trayectoria ante el gran público, Carlos Gardel.
EL BANDONEÓN
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Hacia 1900,como decíamos, un nuevo instrumento se incorporó al tango: el bandoneón.
De origen alemán, este instrumento se convertiría en el más representativo del Río de La Plata. Tanto es así, que poco después no se concebiría tango sin bandoneón. Y hasta nuestros días, ese sonido tan especial es el más característico del conjunto típico.
Este instrumento lograría tanto prestigio que sus ejecutantes se convertirían en los músicos más populares, y la mayoría de los conjuntos primitivos estarían encabezados por bandoneonistas, a quienes se los llamó en épocas primitivas “mandoleonistas o bandoleonistas", por deformaciones del nombre del instrumento.
Los más famosos bandoneonistas-directores de los primeros tiempos, o de la Guardia Vieja, como se llama frecuentemente a este período, fueron los nombrados anteriormente, a los que podríamos agregar Arturo Bernstein “el Alemán “y Vicente Loduca.
El bandoneón aparece alrededor de 1850 en Europa y debe su nombre a su fabricante, el alemán Heinrich Band.
No se sabe cómo llega a Buenos Aires. Hay varias teorías que nos presentan a románticos bandoneonistas en los años finales del siglo XIX y comienzos del XX. Y estas historias pueden ser ciertas.
Algún marino europeo posiblemente trajo a nuestra ciudad el primer bandoneón que respiró aire porteño. Pero la introducción sistemática fue realizada por el alemán Max Epperlein, radicado en Buenos Aires, importador de los bandoneones marca ELA.
La marca correspondía a las iniciales de su fabricante: Ernst Louis Arnold. Pero será su hijo, Alfred Arnold quien fabricará los bandoneones profesionales hasta el día de hoy: los famosos "Doble A".
El bandoneón dio las características definitivas al tango, y ha sido en su desarrollo, el instrumento de los dos músicos fundamentales en la evolución tanguera: Aníbal Troilo, en la década del '40 y Astor Piazzolla en la vanguardia.
Ya, en la década de los treinta, los conjuntos aumentan el número de integrantes, llegando a tres y cuatro bandoneones. Antes de la divulgación de los amplificadores eléctricos, se formaban orquestas gigantescas con hasta una veintena de bandoneones.
Finalmente se llegará al equilibrio: 4 bandoneones, combinación que permite hacer variaciones a cuatro voces, típicas en el tango.
El bandoneón fue para los poetas del tango como el compañero de la tristeza: “Has querido consolarme con tu voz enronquecida/ y tu nota dolorida aumentó mi berretín...”escribía Pascual Contursi en la década del veinte abriendo una línea que culminaría con las poesías de Manzi: “Fueye” y “Che Bandoneón".
La tercera parte de esta "Historia del Tango” se publicará la primera quincena de febrero ´ 98.
LOS BAILARINES
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Dentro de la mitología tanguera, el bailarín de tango es un personaje de gran trascendencia. Admirado como pocos, no tuvo sin embargo el reconocimiento económico que lograron otros cultores del tango. Ahora, gracias al espectáculo “Tango Argentino", el tango como danza ha conquistado el mundo. Y para los bailarines se han abierto insospechadas fuentes de trabajo.
La crónica tanguera reconoce como un pionero del tango a Filiberti, padre de Juan de Dios Filiberto. a quien se consideró el primer bailarín de tango de prestigio, allá por el año 1885.
Ya, en este siglo, se conocen los nombres de aquellos bailarines que sentaron fama pero de los cuales lamentablemente no nos queda testimonio ya que no hay filmaciones de sus bailes.
Se menciona, como uno de los grandes a “el Mocho” Undarz, así llamado por faltarle un dedo, que bailaba con “LA portuguesa", el Flaco Falfredo, Pablo Lento, El Tarila José Giambuzzi, Attilio Supparo. El rengo Cotongo, el Vasco Aín. gran difusor del tango bailado a principios de siglo a quien sucedió otro gran bailarín y difusor de nuestra danza: Bernabé Simara. Todos coinciden en considerar como el más grandes de los bailarines a “El Cachafaz” Benito Bianquet. Este bailarín está considerado como el mejor de su época y, afortunadamente, nos han quedado algunas escenas filmadas de su forma de bailar.
El tango que bailaban estos pioneros era pleno de figuras, las clásicas eran los cortes y las quebradas. Si lo vemos hoy nos parece casi una exageración.
En los años posteriores, y, sobre todo en la década del '40 el tango se alisó, se hizo menos espectacular y tal vez más elegante.
Este proceso comenzó a gestarse hacia 1920 en los cabaret del centro. Francisco Canaro, testigo presencial de todo aquello, en su libro “Mis Memorias” hace un colorido relato del tango bailado en el Pigalle de la calle, dónde él tocaba con su orquesta. Dice Canaro: “Puede decirse que el Pigalle se convirtió en academia del tango porqué allí se daba cátedra de la danza y se bailaba maravillosamente bien. Y aunque esta danza se meció en cuna de arrabal, progresó y se difundió rápidamente palmo a palmo, escalando posiciones hasta adueñarse de la muchacha porteña. Sentó sus bases en el Pigalle entre la flor y la nata de la juventud trasnochadora, que hizo del tango un verdadero culto.
Lo bailaban con una seriedad religiosa, con un compás metronómico y una elegancia impecable no exenta de filigranas que jamás perdían el compás. Y, guay, del extranjero que borracho bailara a contramano saliéndose de la rueda e interrumpiendo la armonía y la estética de la danza; se le armaba enseguida una tremenda protesta que hacía quedar en ridículo al pobre tipo.”
Pasó el tiempo y hoy el tango tiene sus grandes figuras, que han heredado aquella magia de los creadores. Muerto Lalo Bello y Virulazo, las cumbres del tango están representadas por Juan Carlos Copes y María Nieves, Gloria y Eduardo, Mayoral y Elsa María, sin olvidar una serie de figuras jóvenes que completan un panorama de notables como Miguel Zotto y Milena Plebs.
LAS PRIMERAS LETRILLAS
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Es habitual mencionar el año 1917 como el del nacimiento del tango canción. Es entonces, cuando Carlos Gardel estrena los versos de "Mi noche triste” escritos por Pascual Contursi con música de Samuel Castriota. El dato es cierto, pero también es cierto que, desde su origen, el tango se había cantado infinidad de veces. Angel Villoldo y Alfredo Gobbi se encargaron de escribir y grabar en discos una cantidad muy grande de obras en un repertorio en el que el tango era el sustento básico. Estos tangos estaban escritos en primera persona y generalmente contaban con humor las hazañas del protagonista, sus conquistas amorosas, su habilidad como bailarín. “El Porteñito", tango que Villoldo dio a conocer en 1903, es un claro ejemplo de este estilo primitivo de letra de tango que tiene mucho de couplé.
En 1905 nace "La Morocha", con características similares pero para ser cantado por una mujer. La protagonista es “la gentil compañera del noble gaucho porteño", y con este tango se logró el ingreso de la canción porteña a los hogares. El tango era rechazado porque el ambiente en el que se había desarrollado era todo lo contrario a lo que se pretendía en la vida familiar.
Pero la letra de "La Morocha", simple, grata y popular, en la que aparecían las costumbres sencillas de aquel tiempo no tenía motivo alguno de objeción.
Curiosamente este gran éxito marcó la declinación de un estilo. Ya no se repetiría tal furor en una canción de tango hasta la aparición de lo que se conocería como “Tango canción". Como decíamos antes, Gardel estrena en 1917 “Mi noche triste". Fue el primer tango que cantó y el primero del nuevo estilo. Borges afirmaba que con estas obras comenzaba el tango sentimental que poco tenías que ver con el primitivo, que él admiraba."Percanta que me amuraste/ en lo mejor de mi vida/ dejándome el alma herida/ y heridas en el corazón... ”
Esto cantaba Gardel y en los versos de Contursi nacía un nuevo género cantable. Estaban aquí los elementos básicos de la posterior letra del tango: la ruptura sentimental, el alcohol como método de olvido y el lenguaje entre cotidiano y lunfardesco.
DE LA PICARESCA TANGUERA
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Hubo en el tango, allá por sus comienzos, una serie de títulos que hoy llamaríamos "transgresores". Generalmente expresaban una segunda intención que seguramente escandalizarían a la moral de la época. Quedaron, sin embargo, como gracioso testimonio de un tiempo lejano.
De 1890 aproximadamente es el tango de Pedro Quijano "¡Qué polvo con tanto viento!". Posteriormente surgirían tangos como “Tres sin sacar” o “El 69".
Generalmente estos tangos se editaban con una ilustración en su carátula que tenía un carácter equívoco. Así en “Afeitáte el 7 que el 8 es fiesta”, tango de Lagomarsino, podía verse un almanaque en el que caía la hoja del día 7 y se dejaba ver la del 8.
"Va Celina en la punta", otro título de tanto primitivo, donde en la carátula se veía una yegua de nombre Celina, ganando una carrera en el hipódromo. La lectura del título daba otra impresión. Hay un tango de Terés titulado "Tocáme La Carolina". En la Carátula, el dibujo representa una pareja sentada en el sillón. Al lado, un piano. En el atril una partitura titulada "La Carolina” El hombre, algo le está diciendo a la dama. La duda es, si lo que dice el hombre es el título de la obra o le está diciendo "Tocamelá Carolina".
La lista es larga y bastante subida de tono para la época. Una selección de groserías disfrazadas aflora en infinidad de tangos primitivos, que seguramente serían interpretados en prostíbulos de la época.
Ernesto Zóboli da a conocer un tango en 1905 que titula “Hacéle el rulo a la vieja". La sustitución de la palabra "rulo", daría el verdadero sentido a este tango. Y que decir de “Cara Sucia". Se dice que su título original sería la sustitución de “cara” por "concha". Su autor sería un músico olvidado, que murió en la miseria: el violinista Casimiro, llamado “El negro Casimiro". En 1901 Manuel Campoamor da a conocer un tango que alcanzará rápida fama “La C.. de la L....”Los puntos suspensivos ocultaban las palabras, concha y lora respectivamente. (Expresión, que como sabrá el lector, goza aún en nuestros días de gran popularidad y difusión). La ascendente popularidad del tango, ante la necesidad de su publicación, hizo que el título pasara a ser el romántico “La cara de la Luna".
Concluimos con esta incompleta lista de tangos primitivos con títulos de doble intención con "Tocámelo que me gusta” de Mazzoni, “El Fierrazo” de Macchi y "¿ Dónde topa que no dentra?” de Gobbi.
LOS BAILES DEL INTERNADO
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El 21 de septiembre de 1914 comienzan a realizarse los bailes “Del Internado". Estas fiestas eran organizadas por los estudiantes internos de los hospitales, tenían como protagonistas orquestas de tango, y era de rigor que se estrenara uno o varios tangos alusivos. En el primer baile, realizado en el Palais de Glace, Francisco Canaro estrenó “El Alacrán” y “Matasano” y Roberto Firpo “El Apronte". Al año siguiente Canaro estrenará “El Internado” tango que quedará como clásico de su repertorio y Firpo “El Bisturí".
En 1916 los bailes comenzaron a realizarse en el Pabellón de las Rosas, que estaba ubicado en Avenida Alvear (Hoy Avenida del Libertador) y Tagle, donde hoy se halla el edificio del Automóvil Club. El Pabellón de las Rosas fue demolido después de los bailes de Carnaval de 1929.
De 1916 es “El Anatomiza", de Vicente Greco. Sigue la serie en 1917 con “El Termómetro” de José Martínez y “Amoníaco” de Osvaldo Fresedo; en 1918 con "Rawson” de Eduardo Arolas, en 1919 “El Sexto” de Osvaldo Fresedo. Esta idea de Fresedo. de colocarle número al tango conmemorando el orden de baile, continuará hasta el final de la serie.
Los bailes del Internado pasan a realizarse en el Teatro Victoria, en la calle Victoria (hoy Hipólito Yrigoyen) y San José, y los tangos serán en 1920 “El Séptimo “y "La Biblioteca” de Augusto Berto, y “Muñiz” de Víctor Troysi.
Ricardo Luis Brignolo, famoso bandoneonista y autor del tango “Chiqué", dará a conocer los tangos de los bailes siguientes: “El Octavo", "El Noveno” y “El Décimo", en 1921,1922, 1923.
En el último de los bailes - año 1924 - actúa Osvaldo fresedo, quien estrena su luego célebre tango “El Once". Los bailes del Internado se suspendieron ese año.
Ya en los últimos se realizaban bromas demasiados pesadas entre los concurrentes. Y a pocos días del último baile, el administrador del Hospital Piñero mataba de un tiro a un estudiante practicante, a raíz de una broma que éste había realizado.
Esto generó un paro de practicantes de los hospitales municipales de Buenos Aires y el Hospital de Clínicas.
Después de ello, nunca más volvieron aquellos bailes que han quedado como un dato para la nostalgia, y generaron además lindos tangos, varios de los cuales aún hoy están en vigencia. (datos tomados del libro de Luis Alposta).
EL ABCD DEL TANGO
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Este curioso alfabeto tanguero, propuesto por Sigfredo Pastor, por otro lado, insigne pintor de merecida fama mundial, está formado con las iniciales de cuatro figuras fundamentales del tango, en un momento muy especial de su evolución, es decir cuando el tango deja su indumentaria primitiva para lanzarse a un cambio que lo hará crecer y ganar cada vez más público.
Si bien muchos fueron quienes protagonizaron esa aventura, este relato se basa en Arolas, Bardi, Cobián y De Caro.
Eduardo Arolas era bandoneonista. Un romántico, un creador. En 14 años de producción escribió un centenar de obras, una mejor que la otra. Se destacó como compositor e intérprete. De su inspiración nacieron obras como “La Cachila", “Derecho viejo", “La guitarrita", “Comme il faut", “El Marne"•
Como intérprete, en sus comienzos tocaba al estilo habitual de principios de siglo, pero poco a poco su orquesta se convirtió en un grupo innovador. Comenzó a tocar en una forma más pausada y concedió gran importancia a los matices en la interpretación, algo que hasta el momento no se hacía. El aporte de Arolas, como bandoneonista, director y compositor es la base del desarrollo del tango. Es lamentable que su vida desordenada, según el criterio de algunos, haya impedido la continuación de su obra. Arolas murió muy joven, a los 32 años en Francia. Había nacido en Barracas, de padres inmigrantes franceses. Fue uno de los intuitivos de aquella época, creador, según Julio De Caro, del fraseo y del rezongo en su instrumento. Comenzó con un conjunto pequeño, llegó a dirigir una orquesta numerosa para aquella época, agregó el violonchelo a sus interpretaciones, y en el momento de mayor triunfo, al parecer por un desengaño sentimental, abandona todo para ir a París. Aquí intenta rehacer su vida. Comienza a trabajar, pero al poco tiempo muere. El tango pierde así a uno de sus máximos exponentes.
Agustín Bardi es uno de los compositores más destacados del tango. En un tiempo se lo llegó a considerar “el compositor de los músicos", por la admiración que sus colegas le profesaban. Sin embargo sus obras tardaron bastante en ser famosas y consagradas. Tal vez haya influido el hecho de no haber sido director de gran renombre. Alguna vez se dedicó a su oficio de pianista, pero su actividad no fue constante, ni siquiera grabó discos. En cambio su producción como autor es fantástica.
Su contribución a la composición del tango fue notable. Fue muy admirado por los colegas que han incluido en sus repertorios una infinidad de grabaciones de sus obras además de dedicarle temas tan conocidos como “Don Agustín Bardi“ de Salgán; “Adiós Bardi“ de Pugliese; “Bardi“ de Padula.
Bardi escribió tangos tan destacados como “El Baquiano” ”C.T.V.” ”Gallo ciego” ”Lorenzo” ”Que noche!” ”Tinta verde".
Los tangos de Agustín Bardi son bien criollos, porque además de estar perfectamente ubicados en el estilo del tango, transpiran la honda influencia de la vidalita argentina.
Seguramente hubo entre Bardi y Arolas una gran afinidad. Los dos colosos del tango cubrieron un panorama amplio de la música ciudadana: Arolas, con su visión al exterior que se percibe en algunos títulos como “El Marne”; Bardi con su visión al interior y tangos como “Se han sentados las carretas” de profundas raíces criollas.
Arolas trabajó junto a Bardi en varias ocasiones, una vez ilustrándole la portada de la edición musical del tango “Tinta verde”, otra vez, sugiriéndole el título del tango “Que noche!” commemorando la nevada del 22 de junio de 1918.
La "C” corresponde a Juan Carlos Cobián, que fue uno de los compositores más inspirados del tango. Comenzó como pianista de algunos conjuntos. Se destacó poco a poco como compositor con tangos como “El motivo", “A pan y agua". Luego formó su propia orquesta, una de las expresiones más perfectas de su tiempo. Era la época en la que ya afloraban talentosos músicos de la talla de Canaro, Firpo, Fresedo... Y llegó Cobián... Su conjunto se destacó rápidamente por su calidad y por los tangos de su director, como “Shusheta” o “Los Mareados". Sin embargo todo este adelanto, en cuanto a composición orquestal y a la composición romántica, se truncó con el viaje del maestro a Estados Unidos. Sus continuos desplazamientos le impedirían el desarrollo orgánico de su agrupación. Su labor de compositor superaría ampliamente la del trabajo como director de orquesta.
Son los primeros años de la década del veinte. Arolas muere. Bardi y Cobián escriben sus obras maestras. Aparecen Canaro con su estilo entrador, Firpo con sus melodías y Osvaldo Fresedo con su estilo milonguero y romántico. Y muchos otros que conforman un grupo de intelectuales, creadores de una nueva forma en la música del tango. Cambia el ritmo del viejo 2x4 al 4x4 y se hace más pausado y cadencioso, más romántico y sensual.
Y surge De Caro, el continuador de la música de Cobián. Es más, De Caro era músico de Cobián y continúa con algunos de los integrantes de su grupo. Su aporte fue importante. El desarrolla la propuesta inicial marcándola con su estilo. Su conjunto toma un vuelo creativo que es uno de los más importantes movimientos en la renovación tanguera. Lo que años después se llamaría Escuela Decareana. Se trata de un estilo muy emotivo, profundo sentimental y vigoroso. Julio De Caro tuvo colaboradores sensacionales, como su hermano Francisco en el piano y los bandoneonistas Pedro Maffia y Pedro Laurenz.
Se cierra así este abecedario tanguero que tiene puntos de contactos muy significativos: Julio De Caro inició su carrera como violinista de Eduardo Arolas, que lo vio un día mientras tocaba ocasionalmente con Firpo y decidió incorporarlo inmediatamente a su equipo, a pesar de las protestas paternas. Luego tocó con Cobián y cuando empezó su trayectoria como director de orquesta ya tenía una fuerte especialización tanguera.
De Caro fue importante también como compositor. De él recordamos: “Todo Corazón” ”Buen Amigo” ”El Monito” ”Guardia Vieja” ”La Rayuela” ”Tierra querida” ”Copacabana” ”Boedo” ”El Arranque".
Este material documental es una cortesía de
Sergio Vázquez
TANGO y punto
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